ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Foto: Juvenal Balán

La sala Che Guevara de la Casa de las Américas, subsede de la Feria, se llenó en la tarde de ayer de mariposas amarillas. Agitando sus alas de papel al ritmo de las emociones, se las colocó en las ropas como ofrenda de los anfitriones a un público que se llegó hasta allí para escuchar un panel en homenaje a Gabriel García Márquez, a razón del aniversario 90 de su natalicio, el 50 de la publicación de Cien años de soledad y los casi 35 de la concesión del Nobel de Literatura a este latinoamericano de talla universal.

Moderada por Jorge Fornet, director del Centro de Investigaciones Literarias de la Casa de las Américas —quien adelantó otros honores que se le concederán al descollante autor, entre ellos un ­dossier en la revista Casa—, la mesa estuvo integrada por Gustavo Bell, embajador de Colombia en Cuba; José Calafell, consejero delegado para Latam, del Grupo Planeta (México), y el escritor Leonardo Padura, para con ella concretar el homenaje al Gabo, organizado por el Grupo Editorial mexicano y la Casa.

Para Bell la literatura creada por García Márquez fue un modo de conocer la propia historia de su país. Contó que siendo estudiante de preuniversitario le fue orientado leer Cien años de soledad para compararla con la Ilíada, de Homero, momento en que no pudo aún apreciar el alcance de una obra como esa, considerada por mayorías la más grande creación del Nobel colombiano.

Las reflexiones llegan después, con los años, dijo, y agregó que con esas lecturas uno se abre al Caribe, a la Colombia multiétnica y pluricultural, pues Gabo le dio voz a las voces que se había pretendido silenciar. Su irrupción en los 60 —explicó— significó un movimiento telúrico con toda esa vitalidad de su literatura, que adquiere un valor social, de modo que esa nueva visión significó para los colombianos un replanteamiento de su propia historia.

Bell recordó que Gabo recogió en ese vallenato de 300 páginas que es Cien años de soledad, lo que le contaban sus abuelos, las leyendas de sus antepasados e hizo partícipe a los presentes de que horas antes se había develado en La Habana, frente a la Casa de la Poesía, una estatua del más grande de los colombianos, «para que siempre esté en La Habana».

Calafell, directivo del Grupo Editorial Planeta —sello con que se publica en México la obra de García Márquez— explicó su presencia en La Habana, además de para el homenaje, con motivo de que por primera vez el Grupo tiene un stand propio en la Feria del Libro y animó el panel con simpáticas anécdotas compartidas con el Gabo.

Mientras la mayoría llega a su literatura por medio de Cien años de soledad y El amor en los tiempos del cólera —dijo Calafell—, él lo hizo con El ahogado más hermoso del mundo, lo que significó para él un flashazo al ver los ­soberbios contrastes entre la literatura del siglo xix que conocía y el paisaje mítico de esa playa, con ese final tan abierto.

Calafell tuvo la posibilidad de conocer al Gabo y a Mercedes. Una tía suya se lo presentó a los 25 años. Le dijo en tono jaranero que lo mejor que se había escrito en español eran los boleros. Contó cómo le gustaba curiosear, provocar... y recordó que le obsequió autografiado un ejemplar del que consideraba su libro favorito: El otoño del patriarca.

Por su parte Padura, entre otras valoraciones, expresó que ese primer párrafo de Cien años de soledad es el fragmento que más personas, dejando afuera los poemas, se saben de memoria. Explicó que en él no solo está la belleza, sino que ahí está haciendo la estructura de la novela que iba a escribir, un ejercicio complejísimo de una novela circular, que se coge la cola. «Gabo no tiene seguidores, tiene epígonos», subrayó.

COMENTAR
  • Mostrar respeto a los criterios en sus comentarios.

  • No ofender, ni usar frases vulgares y/o palabras obscenas.

  • Nos reservaremos el derecho de moderar aquellos comentarios que no cumplan con las reglas de uso.