ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

A un año del fructífero encuentro que sostuvieran en La Habana las principales figuras del mundo editorial de Estados Unidos con  los directivos del Instituto Cubano del Libro (ICL), la cita se repite en la 26 edición de la Feria Internacional del Libro, esta vez más fortalecida, a juzgar por las proyecciones de ambas partes que apuestan por la necesidad de acercar a los pueblos por medio de la literatura.

El Combined Book Exhibit, y la revista Publishers Weekly, publicación semanal de gran resonancia en el ámbito editorial, son entidades que de conjunto con el Instituto Cubano del Libro se reunieron ayer en franco diálogo para llevar a cabo el intercambio de  ideas, en aras de conseguir acuerdos y negociaciones cuyo fin procura que el pueblo norteamericano tenga acceso a la literatura cubana como también que los lectores de la Isla puedan leer lo mejor de las letras norteamericanas contemporáneas.

El comité organizador del evento, liderado por Jon Malinowski, presidente de Combined Book Exhibit; Cevin Bryerman, director editorial de Publishers Weekly  y Calvin Reid, editor de noticias de la revista, agradecieron al ICL y en especial a su presidente Juan Rodríguez Cabrera, la posibilidad de continuar las conversaciones iniciadas en el 2016. Por su parte, Rodríguez explicó que el reencuentro significa un acontecimiento cultural que aboga por  la comprensión, respeto y aprendizaje de nuestras respectivas diversidades.

Tras resaltar la nobleza de la obra a la que todos los participantes se dedican, remarcó que la realidad va más allá de nuestros buenos deseos y la normal relación entre editoriales cubanas y norteamericanas, porque sigue manteniéndose  hoy el mismo gran obstáculo, que durante 55 años ha marcado con el fuego de la injusticia al pueblo cubano, el bloqueo económico, financiero y comercial impuesto por Estados Unidos a Cuba el cual, mientras no sea destruido en pedazos, dará pocas oportunidades reales para trabajar seriamente de conjunto, impidiendo así una necesidad cultural que nuestros pueblos demandan.

Rodríguez explicó al auditorio que el gran reto del sistema editorial cubano es poner al alcance de todos, en forma de libros, el poder de la creación humana, por lo que en el más recóndito rincón de nuestro país, la política cultural  cubana se las arregla para hacer que estos lleguen.

Justo esa realidad trascendió en las discusiones a propósito de las intervenciones que desarrollaron temas como  la distribución del contenido en una sociedad global, el estado actual de la publicación digital en Estados Unidos y su futuro, la gestión de derechos y los desafíos en la distribución del libro, por solo citar algunos.  

Directivos de diversas compañías editoriales departieron sobre sus experiencias, así como particularidades de sus editoriales, y cómo se han ido ­«montando» ­necesariamente en la aplicación de las nuevas tecnologías ya indetenibles, y portadoras de formatos digitales como los audiobook y los libros electrónicos, entre otras multimedias. Conscientes de que  los jóvenes disfrutan la lectura en estos soportes, hoy mucho más visibles de lo que se supuso, la misión de los profesionales del libro es ofrecer esas oportunidades para mantener el texto vivo.   

Vivencias y estrategias llevadas a cabo por los agentes literarios fueron puestas sobre el tapete en una enjundiosa charla, que también tocó el derecho de autor, tema desarrollado por Yamila Cohen, directora de la Agencia Literaria Latinoamericana; Amadeo Cid, funcionario del Centro Nacional de Derecho de Autor, y Enrique Pérez Díaz, asesor de la presidencia del ICL, ocasión en que salieron  de nuevo a flote las nefastas consecuencias que para Cuba tiene el bloqueo económico en tanto limita la natural fluidez que podría sostenerse entre ambos países, pero que impide los mecanismos esenciales para las recíprocas publicaciones.

Otro asunto que se trocó imperativo en el contexto del foro fue el valor subvencionado que tiene el libro en Cuba, donde es prioridad  su valor cultural antes que comercial, tal como lo defiende la política cultural cubana. «Nos interesa que se venda el libro, porque es una mercancía —apuntó  al respecto,  Aimara  Vera, directora de la Editorial Oriente— pero más nos importa que el libro sea visible, que llegue a todo el mundo para que todos tengan acceso a la literatura».

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