ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Los novelistas canadienses Margaret Atwood y Graeme Gibson. Foto: Yander Zamora

La presentación de los textos El quetzal resplandeciente y otros relatos (colección Orbis, Arte y Literatura) y la edición bilingüe de la Antología poética (Colección Sur), de Margaret Atwood; la novela Movimiento perpetuo (colección Orbis, Arte y Literatura), de Graeme Gibson y Desde el invierno (Ediciones Unión), una antología de 23 cuentos canadienses seleccionados por ambos íconos de las letras universales, unidos también en la vida, resultó la primera de las actividades en el Pabellón de Honor de Canadá, inaugurado en la mañana de ayer, con la participación del presidente del Senado, George J. Furey, Abel Prieto Jiménez, ministro de Cultura, y Juan Rodríguez Cabrera, presidente del Instituto Cubano del Libro.

No pudo ser mejor la elección al considerar que una muestra de las obras de esa figura de las letras norteñas que es la Atwood, y de su compañero Gibson, también escritor de programas radiales, televisivos y guionista de cine, estrenaran la jornada que hasta la tarde estuvo avivada con la presencia de autores canadienses en el Pabellón que se reserva para sus actividades literarias.  

Para introducir El quetzal... emitió sus criterios la profesora y ensayista Susana Haug, quien consideró a la autora una leyenda contemporánea. Entre los elogios que ofreció a la escritora, Haug habló de los grandes aportes de su escritura a los cuentos cortos, donde se combina el humor corrosivo, crítico y analítico y remarcó la capacidad que tiene para hacer una literatura donde se reescribe y se reta a sí misma rompiendo con los falsos contornos de los géneros.

La Antología poética bilingüe fue presentada por la poeta y ensayista cubana Nancy Morejón, también traductora, junto a Pablo Armando Fernández, del cuaderno. Para elogiar la obra refirió que entre sus grandes virtudes está la de expresar el mundo interior suyo y el de su país en sus versos y destacó que siempre ha sido inclusiva en tanto en su lírica está no solo la cultura contemporánea, sino también la originaria de su tierra. Su poesía, dijo, apuesta por lo más humano de nuestra natural condición.

El narrador Daniel Díaz Mantilla fue el presentador de Desde el invierno, una selección con la que sus antólogos se propusieron mostrar al lector «una introducción entretenida y útil a la riqueza de la literatura canadiense contemporánea en lengua inglesa». Como una luz venida de otro lugar, y una ventana hacia el paisaje de la literatura de esa nación catalogó Díaz Mantilla la lectura de estos cuentos, donde se halla el pensamiento de sus pueblos.

También fue Haug la presentadora de Movimiento perpetuo, una novela que catalogó como profundamente polémica, llena de símbolos y parábolas de la condición humana. El argumento aborda, en un estilo al son del realismo mágico latinoamericano, el hallazgo de un campesino (los huesos de un mastodonte) mientras araba la tierra. Más tarde lo entusiasmará sobremanera la idea de crear una máquina capaz de moverse con fuerza idéntica a la de los planetas.

«Podrá ser leída como una paradoja o una novela épica que termina reescribiendo al Fausto», donde están las obsesiones y excesos de las personas que se cobran después en los destinos de las familias y del planeta, apuntó Haug, al tiempo que la definió como una novela de pérdida, la historia de un fracaso, de un gran empeño por unir el universo natural con la tecnología, con un fin trágico donde la naturaleza es la gran atacada, lo que representa una alerta.

Tras las presentaciones, los autores se dirigieron al público. Ambos agradecieron las traducciones por ser, según expresaron, un arte de la selección de las palabras, y explicaron que durante 30 años han visitado muchas veces Cuba. «En estos tiempos es muy importante que los pueblos intercambien a través de la literatura», dijo Atwood. Por su parte, Gibson encontró interesante todo este trabajo que se está haciendo aquí en torno a la cultura y consideró necesario que el intercambio entre ambos países se lleve a cabo en otras áreas para «seguir creciendo desde la amistad».

La lectura de un poema de la Atwood puso fin a la velada con una sugestiva convocatoria a descubrir buena literatura canadiense teniendo a su alcance los cuatro títulos presentados.

ECOS DE EMIGRANTES

Para que el lector cubano pueda acercarse no solo a la obra sino también a la vida de los escritores canadienses contemporáneos se han organizado en el Pabellón de Honor del País Invitado una serie de encuentros denominados Retratos. El primero de ellos tuvo lugar en la tarde de ayer con la presencia de la autora Madeleine Thien, hija de emigrantes chinos y malayos, condición que ha marcado con creces su literatura.

Una obra traducida a 25 idiomas engrosa el catálogo de esta mujer nacida en Vancouver, en 1974, y que visita por vez primera la Isla. Para su formación y posterior desempeño resultó esencial el idioma inglés que vino a ser puente entre sus padres y ella, quien al calor del hogar escuchaba la confluencia de más de una lengua. «El inglés nos abrió las puertas y nos convirtió en canadienses, esto fue un aire de libertad».

Las experiencias asociadas a los intercambios lingüísticos de la familia fueron los primeros referentes de su obra, así como las historias narradas por ellos de sus respectivas patrias. En sus narraciones está el siglo XX de Cambodia, Malasia, y China y el tema que emerge es la emigración.

Escribir sobre este tema fue para Thien una necesidad y en esas líneas ha estado la forma en que se queda el lugar que se deja. También en ellas subyace la valentía de la mujer de la generación de su madre, que partió un día hasta Australia, Malasia y por último a Canadá, tierra de inmigrantes.

Entre sus más recientes títulos se encuentra la novela No digas que no tenemos nada, donde vuelve a aparecer el tema de la emigración, un argumento que narra la vida de tres músicos canadienses que deciden viajar a China.

Una novela suya, publicada por Galaxia Gutenberg, cuyo título es El eco de las ciudades vacías ilustra la mesa desde la que habla. Para ella será un honor que una de sus obras pueda ver la luz con un sello editorial cubano.

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