ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Carlos Celdrán, director artístico del festival, inauguró la cita que tendrá un total de 46 espectáculos nacionales y foráneos. Foto: Yander Zamora

¡Telón arriba, puertas abiertas, ya comenzó el festival! Ayer en la no­che, La Habana vio nacer la 16 edición de la cita internacional, en la sa­la Covarrubias del teatro Nacional. La obra Charenton, del grupo Buen­día —cuyos 30 años de creación son reconocidos en el evento escénico— fue la encargada de inaugurar el programa que, hasta el 31 de octubre, hará suyos disímiles escenarios, parques y plazas de la capital.

Un emotivo mensaje audiovisual del director y teatrista británico Peter Brook (1925), a quien también está dedicado este festival, fue transmitido durante la función, que contó con la presencia de María Elena Sal­gado, viceministra primera de Cul­tura; Gisela Gon­zález, presidenta del Consejo Na­­­cional de las Artes Escé­nicas; in­te­lectuales, teatristas cubanos y del mundo.

Dirigida a todos los participantes de la magna cita y al público de la Isla, la misiva de uno de los directores más deslumbrantes e influyentes del teatro contemporáneo dura poco más de ocho minutos y sintetiza, con profundo pensamiento crítico-estético y pragmático, el verdadero sentido del teatro.

“Estamos aquí en el Festival de Teatro y comenzaremos hablando de teatro y sobre uno de mis primeros descubrimientos, que me lleva a mis primeras impresiones sobre Cu­ba”, comienza diciendo Brook luego de un breve saludo en español.

“Descubrí muy temprano que la libertad en el teatro, la posibilidad de hacer algo vivo, bueno y nuevo es­taba directamente ligado a la cantidad de personas involucradas. Des­cubrí que cuando tuve que trabajar en teatros de ópera gigantes con un elenco de cien personas, no podía lograr la misma vivacidad y calidad, era más bien un esfuerzo excesivo y artificial. Entonces comenzamos a hacer improvisaciones y descubrí que un grupo de cuatro o cinco pueden improvisar si trabajan bien en conjunto.

“De la misma manera, descubrí que esto se podía lograr cuando trabajaba en teatros de cien y hasta de mil butacas, con un público tranquilo, cer­cano, activo y capaz de interactuar, siempre y cuando el espacio fuera bue­no, cómodo, con buena acústica y armonioso; pero si tratas de forzar las cosas y caer en las viejas reglas del show business, solo podrás lograrlo con la violencia o gritando o dando golpes, pero nunca lograrás nada profundo o bueno o sutil y por eso todo el sentido del teatro radica en darle al público algo distinto a lo que tienen en su vida diaria en la calle.

“En la calle estamos rodeados de ruidos, llenos de atuendos y de personas que corren de un lado a otro. Ir al teatro para vivir también eso, los mismos problemas y la misma violencia, no es interesante. Vamos al teatro a presenciar algo que se acerca a nuestra vida cotidiana y mis­teriosamente descubrimos al final que hemos tocado algo que nos so­bre­pasa, que nos da más valor y nuevas fuerzas, nuevas energías”.

Cuando visité Cuba por primera vez —continúa—, justo después del triunfo de la Revolución, “me emocionó descubrir que podía ser la sociedad modelo para todo el mundo, por la sencilla razón de ser a la vez un espacio pequeño y un pueblo pequeño con gran talento, gran vitalidad e imaginación y una gran capacidad natural para la improvisación”.

“Y mirando por esos días, presencié algo increíble que fue ver a Fidel parado en la calle mientras las personas se le acercaban en pequeños grupos, y le rodeaban y le hablaban de todos sus problemas sociales, co­tidianos. Descubrí algo posible, así que dejé Cuba con una tremenda es­peranza y expectación de que podía crear un modelo que pudiera interesar y asombrar y, de alguna manera, robarse la atención del mundo.

“Por supuesto, nunca pensé en las fuerzas de oposición que esto provocó y en las que ustedes han vivido tan valientemente hasta hoy. Y aho­ra con vuestro festival me siento muy conmovido y complacido de estar asociado a él.

“Este festival en La Habana, en este país que tiene un sentido natural de lo que solo se puede lograr cuando estamos todos juntos, muy concentrados en un lugar pequeño, me da gran esperanza y valor.

“El hecho de que tantas personas puedan venir desde tantas partes, de tantas culturas, razas, historias, religiones y trabajar juntos es algo que hemos conocido en el escenario del mundo a través de las Naciones Uni­das. Sin embargo, en la realidad, esto no es posible, es un gran sueño irrealizable, pero en los niveles de un festival de teatro sí es posible.
“A pequeña escala no podemos cambiar el planeta ni la sociedad, pero quizá por unas horas, vivir juntos una experiencia, puede cambiar nuestro mundo y es lo que nos hace recuperar la esperanza y el coraje.

“Entonces, con gran emoción, amor y cariño y todos los mejores deseos, con la única pena de que no puedo estar ahí con ustedes en este momento, quiero agradecerles y darles todo el amor a todos los amigos, no solo cu­banos, sino del mundo”, concluye.

Para este fin de semana, el festival ha programado presentaciones de elencos de España, Colombia, Ca­nadá, Perú, Alemania, Ecuador, Aus­tralia, Estados Unidos y, por supuesto, Cuba.

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